Desaparecen las tarjetas navideñas y con ellas los calendarios

Desaparecen las tarjetas navideñas y con ellas los calendarios
Desaparecen las tarjetas navideñas y con ellas los calendarios
Las tarjetas navideñas tuvieron su inicio a mediados del siglo XIX. Estos cartones iban acompañados con imágenes religiosas y frases de buenos deseos y felicitación, para regalar a seres queridos y amigos, a título personal o en nombre de toda la familia. Hoy desaparecen poco a poco ante los nuevos formatos electrónicos.
En México la Navidad se celebra no sólo con piñatas, una cena, un arbolito con adornos, lucecitas, regalos o desvelos. También se intercambian amor y buenos deseos a través de mensajes impresos o digitales. Frases como “Navidad, época de alegría, de dar y compartir”; “Recibe un cariñoso saludo en estas fiestas y mis mejores deseos”; “Hacemos votos porque está Navidad y Año Nuevo, sea de dicha y felicidad para ti y los tuyos”, las hemos recibido en las tarjetas que nuestros amigos y familiares nos han obsequiado.

En algunos casos se necesitaron escritores para las frases de las tarjetas, en otros se utilizaban párrafos de la Biblia o fragmentos de escritores conocidos, pero la mayoría de los versos y textos eran obra de autores anónimos.

La primera tarjeta de felicitación que se tiene registro apareció en 1843 cuando sir Henry Cole, fundador del Victoria and Albert Museum de Londres se le ocurrió enviar tarjetas de Navidad a sus amigos a través del correo, de acuerdo con información del Museo del Ferrocarril.

Estas tarjetas pueden llevar connotaciones religiosas o escenas navideñas, con motivos o alimentos navideños, paisajes invernales. Algunas pueden estar lujosamente decoradas con orillas doradas, dibujos en relieve, elaboradas con diversos materiales, diseños, técnicas de impresión, acompañadas de leyendas y pensamientos. Desde hace algunos años en nuestro país era una costumbre enviarlas a través del Servicio Postal Mexicano o entregarlas personalmente.

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Y llegó la Navidad y el amor inundó cada corazón con destellos de esperanza. Frase en el interior de una tarjeta con relieve.

A partir de la década de 1950 el envío anual de tarjetas navideñas se convirtió en una fuente de ingresos no sólo para los productores, sino también para los servicios postales, que durante el periodo navideño acrecentaban su trabajo, de acuerdo con una investigación del Museo del Ferrocarril.

Hoy la tecnología permite que los mensajes navideños se envíen de manera electrónica ya sea por correo o a través de las redes sociales. En la opinión de Emilio Márquez, experto en negocios digitales y comercio electrónico “el número de postales de Navidad se ha derrumbado, por ahorro de costos”.

Conserva esta tarjeta de navidad… será canjeada por un beso (o muchos) que proporcionará muy gustosamente el remitente. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Frase que se encuentra en una tarjeta de épocas más reciente.

Esta vieja tradición popular que en México prevaleció durante décadas parece estar en peligro de extinción ante la llegada de las nuevas tecnologías. En 2012 la compañía Samsung y Unicef lanzaron la aplicación FelicitApp, que permite crear tarjetas de felicitación navideñas personalizadas y en formato de video.

Las personas que imprimen las tarjetas navideñas han disminuido su producción o a ya no las venden. Para conocer sobre el tema  visitamos la Plaza de Santo Domingo, ubicada a unas cuadras del Zócalo capitalino y donde se encuentran muchos negocios que graban invitaciones, con linotipos, tinta y papel, para toda ocasión como es la Navidad.

En esta plaza entrevistamos a algunos vendedores decanos del lugar como el señor Raymundo Marco, quien labora desde los 16 años en Impresos Azteca —abierta por su padre en 1968—,comentó que desde hace 30 años, en la temporada decembrina este lugar era visitado por cientos de personas que acudían a hacer sus órdenes de tarjetas navideñas y recibía de 40 a 80 órdenes diarias, incluso muy cerca de este lugar había una oficina de correos en donde se hacían largas filas para que la gente depositara las tarjetas navideñas que enviaba a sus seres queridos o amistades.

Pero hoy ya no ocurren estas ventas, el señor Raymundo dijo que en lo que va de este mes sólo ha tenido tres órdenes. “La gente ya no compra las tarjetas porque le espantan los precios”. Al preguntarle el costo de ellas explicó que éste varía dependiendo del material con el que sean impresas.

El ciento de las tarjetas navideñas hechas de papel albanene las vende en 500 pesos, las que llevan una mica en 800 pesos y las de papel metálico cuestan 900 pesos, y muestra sus catálogos donde están diferentes modelos. “La gente ahora regala calendarios, sobre todo los que tienen un negocio, les sale más barato porque el ciento cuesta 250 pesos”.

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El señor Raymundo, de Impresos Azteca nos muestra los catálogos que conserva con los diferentes modelos y materiales de las tarjetas navideñas que ya se venden menos que hace 30 años porque dice que “la gente ya no quiere gastar en ellas”.

Otros impresores prefieren ya no venderlas como es el caso del señor Héctor Olaya Ruiz, de 78 años, a quien la gente lo conoce como El Abuelito. Él trabaja en la imprenta Hilda desde hace cuatro décadas y comentó que “hace cinco años dejé de venderlas, antes diciembre era una buena época porque la gente hacía largas filas y los pedidos eran interminables”, eso ya no ocurre y prefiere comercializar otro tipo de recuerdos como tazas o pantunflas, tarjetas personales o de cumpleaños, de boda o bautizo, ya que ésta no han pasado de moda y las sigue vendiendo en su alacena número 3, mueble de madera donde exhibe las muestras.

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El Señor Héctor Olaya dejó de imprimir y vender las tarjetas navideñas desde hace cinco años.

La comercialización de la Navidad al parecer está perdiendo terreno en la práctica de intercambiar tarjetas navideñas porque va disminuyendo con el paso del tiempo, ya sea por la llegada de otros medios de distribución electrónicos que desplazaron al papel o porque los altos costos de los insumos ya no la permiten.

Si alguna vez el polvo del olvido llega a borrar de tu mente mi recuerdo conserva esta tarjeta si es que vivo o derrama una lágrima si muero. Este pensamiento impreso en una tarjeta de 1982 que la familia Zamora Medel envió a sus seres queridos en 1982.